Bueno, he recibido tu carta. Me temo que esta carta va a ser algo corta, pues en apenas 10 minutos me voy a trabajar. Ya sabes, en la tienda de mi padre.
¿Sabes? El sábado fui a “Caniche”, una discoteca de aquí, y pasé gratis, por el morro. Me divertí mucho. Había gente que conozco desde hace mucho tiempo. Seguramente iré más sábados a esa discoteca. Fíjate, incluso algunos chicos y chicas me conocían a mí, y sin embargo yo a ellos no los recordaba, porque en ocasiones han comprado tabaco en la tienda. Fue fenómeno.
Te estoy escribiendo al tiempo que llevo unos auriculares puestos, y claro, con “music”. Sería estupendo que formaras un grupo musical. Pero escúchame bien, yo soy tu voz femenina, ¿ok?
Mira, tu te inventas la música y yo le pongo la letra. ¿Que te parece?
Mark, me voy corriendooooo... Adioooos....
Acabo de contestar a Laura. Espero que la carta llegue pronto.
Esta es la última vez que hablaré de Susana, definitivamente. Fue una historia que pudo funcionar, pero yo no sé que demonios pasó. Quien quiera que la entienda. Menuda chica mas rara. No tengo ninguna necesidad de ir detrás de nadie, y menos de una persona que no significa ya nada para mí. “Arrivederchi, bambina”. El nuevo Mark toma forma...
He recibido una nota en la cuál me indican las fechas de los exámenes. Al llegar a la academia esta tarde, tanto Helena como Silves me han dicho que también la habían recibido. Los tres vamos hacia el abismo... ¡Pero si no hay tiempo! Apenas queda un mes, y estamos más verdes que las manzanas que comemos en casa.
¡Qué remedio! Todo el sábado permanecí encerrado en casa estudiando, y hoy domingo, exactamente igual. Para lo que va a servir. Pero si no me entero de nada, ¡leches!
Menudo aburrimiento de fin de semana. Mi hermano encima “cachondeándose” de mi. Vino a verme, y de paso comió con nosotros. NO le veo mucho últimamente, y a mi hermana mayor, ya ni de coña. Este destino cruel hizo que viviéramos Cocinas terrassa todos. Es muy triste, y es que nunca lograré acostumbrarme a esta ausencia de mis padres. Trato de encontrarle sentido, pero es inútil. A veces no puedo dejar de recordar su presencia, cuando mi madre me recogía entre sus brazos sin cesar, abrazándome como nadie lo ha hecho. Me miraba y remiraba, y sus besos no tenían fin. Con tan solo siete años, mi madre era todo para mí. Cris apenas tenía 3 años en aquél lejano ya 1974, y muchas tardes de los sábados éramos todo su mundo, mientras mi padre y mis hermanos mayores salían fuera.
Un triste y desapacible día del mes de mayo de aquél año, mi madre Cocinas terrassa de nuestras vidas, para no regresar jamás. Fue una muerte muy amarga, y estoy seguro de que allá donde esté, si es que hay algo al otro lado, habrá sufrido mucho por nosotros, pero también sabe que no debe estar triste, porque todos estamos bien cuidados y nunca nos ha faltado de nada. Al principio sí fue difícil, no podía imaginarme mi vida sin ella. Y cuando iba por la calle, en el autobús, a la salida del colegio, y veía a todos los niños con sus madres, no podía evitar las lágrimas y la pena por no tenerla a mi lado. Y entre susurros, imploraba: Mamá, ¿Cuándo volverás con nosotros?

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